Hay cuatro reglas en el discurso del método de
Descartes. Y hay cuatro reglas en las operaciones aritméticas que son las primeras que se aprenden en los colegios: sumar ,restar , multiplicar y dividir.
Hay a quienes se les atragantan, como ocurre con Robert, el protagonista del libro
El diablo de los números, de
Hans Magnus Enzensberger, porque no las entienden.
Pero están por doquier desde las primeras culturas, cuando la necesidad de contar y medir alentó la creación de diversos sistemas de numeración. Veamos.
Sumar es lo que intentar hacer los políticos cuando quieren consensuar alguna iniciativa.
Restar es lo que consiguen los científicos cuando dan con una fórmula que permite combatir cualquier epidemia.
Multiplicar es lo que persigue un empresario que quiere aumenta la productividad.
Dividir es lo que se acostumbra a hacer cuando hay que repartir una herencia.
Como ven, las matemáticas están por todas partes.
Explican el mundo, desde que nos levantamos hasta el momento en que nos acostamos.
Nos rodean, aunque muchos las teman.
Ya lo deciía
Galileo: "Las Leyes del mundo están escritas en el lenguaje de las matemáticas".
Para los más humanistas, siguen siendo una pesadilla escolar, una ciencia abstracta y lejana: las matemáticas despiertan recelos. Pero sin ellas no podríamos entender el mundo.
Gran parte de
nuestras decisiones diarias son fruto de cálculo y distintas variables y opciones. Y muchos de los objectos que nos rodean en la vida cotidiana llevan las matemáticas dentro.
El secreto es aprender a disfrutarlas. En todas las disciplinas.
Tener habilidad de cálculo ayuda al desarrollo personal y social.
Productos de usuo diario son el fruto de análisis científicos complejos.
¿Tu que opinas?
